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lunes, 4 de julio de 2011

El próximo hombre

Hace dos millones de años un Homo Habilis se refugiaba en una cueva del este de África para comerse un pedazo de carne. Ésta había sido desechada minutos antes por algún otro depredador y el homínido la separaba de los huesos ayudándose de una piedra tallada por él mismo.

Hace un millón de años, un Homo Erectus asaba en un hoguera situada en el interior de una cueva de la actual China, un pedazo de carne que había cazado minutos antes ayudándose de un hacha tallada por él mismo.   

Hoy en día, los Homo Sapiens lanzamos satélites al espacio, pisamos la luna, duplicamos nuestra esperanza de vida, nos asomamos a los ladrillos de la materia y a los albores del universo. Y aún no hemos alcanzado todo nuestro potencial, si somos capaces de no autodestruirnos, en los próximos siglos seguiremos logrando proezas que ahora nos resultan inimaginables.

Pero, ¿qué pasará dentro de un millón de años? ¿No habrá otro Homo cuya capacidad intelectual sea incomparablemente superior a la nuestra? ¿Qué proezas podrá alcanzar este nuevo Homo?
Al igual que ha ocurrido en el pasado, cualquier día, ya sea mañana o dentro de miles de años, se producirá una mutación que producirá un ser que no podremos considerar de nuestra especie. Nacerá de unos padres normales pero con una mutación que le hará completamente diferente de sus progenitores, como ya ha ocurrido varias veces en los últimos millones de años.
¿Qué será capaz de hacer? ¿No le resultarán todas nuestras proezas de una ingenuidad comparable a la que sentimos nosotros al ver los logros del Homo Erectus?

Darwin nos enseñó que el ser humano no ha sido creado como lo vemos hoy en día sino que es un producto de la evolución y el hombre ha tenido que aprender a vivir con ello. Pero se consuela pensando que es la culminación de dicha evolución, el fin del producto, el diseño capaz de comprenderlo todo.
Tal vez deberíamos ser más humildes y pensar que puede que sea así, pero que es muy probable que nuestra especie no sea sino un eslabón más, y que nuestro potencial será un juego de niños para la especie que nos de el relevo, un capítulo en el libro de historia del próximo hombre.

sábado, 28 de mayo de 2011

El nacimiento de las leyes de la naturaleza

Las leyes que rigen el movimiento de una manzana al caer, de la Tierra o de un rayo de sol que se refleja sobre un charco de agua, ¿en qué momento nacieron?

Podría pensarse que existen desde siempre o que hubo un momento a partir del cual surgieron. La principal teoría de nacimiento del universo, el Big Bang, postula una explosión inicial creadora de la materia y la energía, del espacio y del tiempo. ¿Es éste el punto de inicio de dichas leyes?

Supongamos que así es, que como parece lógico, aquello que creó el espacio y el tiempo definió las leyes de la naturaleza que hoy nos gobiernan. Pero, si antes del Big Bang no había ley física alguna, ¿cómo pudo entonces explotar aquel punto de densidad infinita? Si había algo estático, que es ese punto infinitamente denso, tuvo que cumplir algún tipo de ley para de repente explotar. Porque si sobre algo estático no se aplica ninguna ley ese algo nunca cambiará de estado. Ese dinamismo, ese cambio de situación estable a explosión indefinida, no es sino el resultado de la aplicación de algún tipo de ley. Pero si todavía no había leyes de la naturaleza, ¿cómo se produjo la gran explosión?

La otra opción es por tanto suponer que hay leyes previas al Big Bang. Pero si el Big Bang supone la creación del tiempo, ¿cómo es posible que haya algo antes, cuando no había tiempo?

La ciencia actual defiende que antes del Big Bang no había nada y que no tiene sentido preguntar qué había antes puesto que antes no había tiempo y por tanto nada podía haber. Sugiere que la propia naturaleza cuántica hace posible que de la nada surja un universo.
Pero eso no es la definición de la nada. Si la nada tiene intrínsecamente la capacidad de generar un universo, entonces no se le puede llamar nada, ya es algo, puesto que de algún modo es el posible embrión de un nuevo universo, tiene en sí una capacidad de creación que choca con el concepto de nada.
Al menos tendrá que haber una ley (cuántica o del tipo que sea) que haga que de la nada pueda surgir algo, y si hay leyes ya no podemos decir que antes del Big Bang no había nada, porque al menos había alguna ley.

El Big Bang es una puerta cerrada a las preguntas. No se puede cuestionar qué había antes porque antes no había tiempo, no se puede preguntar por el lugar en el que algo se encontraba porque antes no había espacio. Y no se puede preguntar por las leyes de la naturaleza porque antes no había leyes.
Pero ya hemos visto la contradicción que supone creer que la nada previa al Big Bang pueda contener la capacidad de crear un universo, y que dicha creación no es sino la aplicación de alguna ley.
Algo no encaja en el modelo, hay que abrir la puerta del Big Bang y seguir haciendo preguntas.